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La edición digital como refugio

Salma Utiel

Salma Utiel

10 Dec 2025

La edición digital como refugio

SAO PAULO. — En la Editorial Apapacho, donde todo se publica en formato digital, sin embargo, en el ambiente donde esta editorial nace hay un objeto que desafía la lógica del entorno: una pila de cuadernos manuscritos que contienen algunos de los próximos lanzamientos de la casa. Sabuat Urbina Ribeiro, fundador y autor principal, defiende esta paradoja con la convicción del converso: ‘El camino más eficiente hacia el libro digital perfecto comienza con la imperfección de la tinta sobre papel'.

Erika Villarroel, escritora de la casa y cuya obra La Última Dragona nació íntegramente en cuadernos del estilo Moleskine antes de convertirse en archivo ePub, representa una tendencia silenciosa pero persistente en el mundo literario contemporáneo. Lejos de ser una nostalgia romántica, la vuelta a la escritura manual se erige como metodología de trabajo para autores que buscan eludir las trampas cognitivas de la hiperconexión digital.

Neurociencia: ¿Qué sucede en el cerebro al escribir a mano?

La defensa de Urbina encuentra respaldo en investigaciones académicas sólidas. Un estudio publicado en 2021 en la revista Frontiers in Psychology, dirigido por la investigadora Yuan Wang de la Universidad Johns Hopkins, reveló diferencias cerebrales significativas entre niños que aprendían a escribir a mano frente a los que usaban exclusivamente teclados. La escritura manual activaba redes neuronales más extensas relacionadas con la memoria, la integración de información y la formación de conceptos.

'Cuando trazamos una letra', explica Villarroel mientras muestra páginas de su manuscrito, 'estamos ejecutando un acto motor único que crea una huella más profunda. No solo pensamos la palabra, la dibujamos'. Ese proceso más lento obliga a la mente a detenerse en cada elección léxica. La pantalla, con su cursor que parpadea impaciente, nos incita a la velocidad. El papel nos concede la pausa necesaria para encontrar la palabra exacta, no la primera que aparece.

La vuelta a la escritura manual se erige como metodología de trabajo para autores que buscan eludir las trampas cognitivas de la hiperconexión digital.

El cuaderno como territorio liberado: testimonios literarios

Esta práctica no es marginal. Autores consagrados han convertido el ritual del cuaderno en parte fundamental de su proceso creativo. La premio Nobel Annie Ernaux, en su libro El uso de la foto (Cabaret Voltaire, 2021), describe meticulosamente su metodología: 'Todos mis libros comienzan en cuadernos escolares comunes, los de tapas negras. Es el espacio donde la escritura puede ser tentativa, repetitiva, desordenada. La computadora impone una formalidad prematura'.

Del otro lado del Atlántico, el novelista estadounidense Neil Gaiman ha sido igualmente explícito sobre su preferencia por escribir a mano. En una entrevista para The Guardian en 2015, el autor de Coraline y American Gods declaró: 'Escribo mis primeras novelas a mano porque el bolígrafo es más lento que los pensamientos. Esa desaceleración forzada es donde ocurre la magia. Te da tiempo a escuchar a tus personajes, a notar los giros inesperados del argumento. La computadora te tienta a editar antes de crear'.

Urbina asiente al mencionar a Gaiman: 'Exactamente. La pantalla con su función deshacer nos hace perfeccionistas prematuros. El cuaderno, con sus tachaduras y flechas, nos permite ser exploradores despreocupados. En Apapacho, cuando recibimos un manuscrito que nació a mano, notamos una cualidad orgánica diferente. Las transiciones son más naturales, los ritmos narrativos respiran mejor.'

El antídoto contra la economía de la atención

En un contexto donde la ventana de escritorio promedio contiene múltiples focos de distracción —notificaciones de correo, indicadores de redes sociales, recordatorios de calendario—, el cuaderno ofrece lo que el profesor del MIT Cal Newport denomina en su libro 'Enfócate' (2016) un 'entorno de concentración profunda'. Newport argumenta que las herramientas digitales, aunque potentes, están diseñadas con interrupciones integradas que fragmentan el proceso cognitivo necesario para el trabajo creativo serio.

'Mi ritual matutino', describe Urbina, 'comienza con apagar el router. Una hora con el cuaderno, la pluma y el silencio. No es Luddismo, yo soy así, produzco más en esa hora desconectada que en tres horas de lucha contra las distracciones y notificaciones. Y lo que produzco tiene mayor densidad emocional, mayor verdad'.

Para la Editorial Apapacho, que publica exclusivamente en formato digital pero cuyo lema es 'literatura que te abraza', esta metodología representa una coherencia filosófica. 'El abrazo literario', concluye Urbina, 'comienza en la intimidad del proceso creativo. Si ese proceso es apresurado, distraído, superficial, difícilmente resultará en algo que pueda conmover profundamente a otro ser humano. La lentitud deliberada de la escritura a mano no es un retroceso, es una sofisticación metodológica para crear en un mundo hiperacelerado'.

Mientras el mercado editorial debate sobre algoritmos de recomendación y formatos interactivos, Apapacho insiste en un principio atemporal: la calidad de la atención determina la calidad de la creación. Y en la era digital, paradójicamente, preservar esa atención requiere volver periódicamente al objeto más antiguo de la tecnología humana: un cuaderno, una pluma, y el coraje de escribir sin red ni 'deshacer'.